Mi ECM se remonta al mes de agosto de 1983 cuando yo tenía 27 años. Empecé a encontrarme mal, sentía una gran debilidad junto con unos episodios de fiebres muy altas. Avisamos al médico de cabecera, que me examinó y diagnosticó de un principio de pulmonía dándome la correspondiente medicación. Después de una semana de tratamiento, mi estado no mejoraba y el medico optó por mi ingreso en el hospital. Una vez en el centro empezaron a hacerme todo tipo de pruebas que se alargaron durante 3 semanas. Mi estado empeoraba día a día, debilitándome cada vez más, hasta que lograron diagnosticarme. Padecía “fiebre de Q”, una enfermedad poco común. Adjunto un link por si a alguien le interesa conocer sus características:
Debido a mi mal estado, me ingresaron en la U.V.I
del hospital, rodeado de médicos y envuelto en sábanas húmedas para hacerme
bajar la fiebre, que llegó a alcanzar los 42º.
Los sonidos del exterior se difuminaban, mi
cerebro daba órdenes a mis extremidades que no respondían. Tenía la vista fijada
en el techo de la habitación, no podía mover los ojos para observar lo que
pasaba a mí alrededor. Noté ascender hacia el techo, viéndome a mi mismo con
imágenes distorsionadas. En aquél instante, fue como si empezara un viaje por
el interior de un túnel, elevándome hacia un resplandor brillante, perdiendo la
percepción del tiempo y del espacio. Dejé de oír los sonidos a mí alrededor
pasando a encontrarme en un estado de paz y bienestar difícil de expresar con
palabras. Súbitamente, noté como si me dejaran caer de nuevo en la cama con una
suavidad indescriptible, como una pluma al caer. De nuevo, volvieron los sonidos, las voces de
los médicos diciendo: -¡ya está, ya está! ya responde-. Pasadas 3 semanas, me
dieron el alta hospitalaria, aunque seguí 3 meses más con la baja laboral hasta
que llegué a recuperarme del todo. Perdí unos 15 kg en todo éste proceso.
Después de esta experiencia, mi vida cambió significativamente
para bien. Empecé a dar importancia a las cosas que hasta ese momento no valoraba.
Ahora no temo a la muerte, considero que es la única cosa verdaderamente segura
que nos ocurrirá a todos al final de nuestra vida terrenal. Lo demás es
totalmente incierto e imprevisible.
Un afectuoso y cordial saludo.

